Nació en Ponce, Puerto Rico, el 17 de septiembre de 1939. Desde muy niño llegó a Salinas, donde estudió en las escuelas públicas hasta el noveno grado. Sus padres, Josefina Quiñones y Rumildo Cruz, formaron una familia de siete hermanos. Rolando demostró desde muy joven un talento excepcional para el atletismo. En el Caserio Modesto Cintron de Salinas comenzó lo que fue una de las carreras más exitosas en la historia de Puerto Rico bajo la tutela del profesor Carlos Cartagena. Deslumbró al pueblo de Puerto Rico a los 14 años cuando en el mes de enero de 1955 saltaba 11 pies y 6 pulgadas en el Sixto Escobar. Sus saltos ese día los dio descalzo; la prensa lo bautizó como el “El Peque de Salinas”, promesa del deporte puertorriqueño. Su formación deportiva continuó en la prestigiosa Mercersburg Academy, bajo la dirección del reconocido entrenador Jimmy Curran, y posteriormente en la Universidad de Villanova, donde perfeccionó su técnica bajo el legendario entrenador Jim “Jumbo” Elliott. Ganándose el respeto y la admiración del mundo.
Su carrera internacional fue brillante. Representó a Puerto Rico en tres Juegos Olímpicos consecutivos (1956, 1960 y 1964), un privilegio reservado para atletas de extraordinaria consistencia. En los Juegos Olímpicos de Tokio 1964 recibió el honor de ser abanderado de la delegación puertorriqueña, reconocimiento que simbolizó el respeto y la admiración que despertaba dentro y fuera del deporte. En el 1961 fue reconocido en el TOP 3 del ranking mundial en su disciplina, una gesta que permaneció en su poder hasta el 2010.
En los Juegos Centroamericanos y del Caribe escribió una de las páginas más memorables del atletismo boricua al conquistar tres medallas de oro consecutivas en salto con pértiga (Caracas 1959, Kingston 1962 y San Juan 1966). En esta última edición protagonizó, junto a su hermano Rubén Cruz Quiñones, una actuación histórica para Puerto Rico al conquistar el oro y la plata, respectivamente, una hazaña que permanece entre las más recordadas del atletismo regional en 100 años de historia.
Su mejor marca personal fue de 16 pies y 3 y media pulgadas registrada en 1964, una altura que lo colocó entre los mejores pertiguistas del continente en su época. Multiple medallista centroamericano.
Tras concluir su brillante carrera deportiva, Rolando Cruz continuó sirviendo al país desde otras facetas. Se graduó de abogado, presidió una compañía de seguros de vida y ocupó el cargo de Comisionado de Seguros de Puerto Rico entre 1977 y 1981, demostrando que la excelencia también podía trasladarse del deporte al servicio público.
La historia de Rolando Cruz Quiñones trasciende las medallas y los récords. Representa el ejemplo del atleta íntegro que combinó disciplina, educación, liderazgo y amor por Puerto Rico. Su legado permanece vivo como inspiración para las nuevas generaciones de deportistas y como uno de los hijos más ilustres que ha dado Salinas.
Inmortal del Pabellón de la Fama del Deportes Puertorriqueño 1975, de la Universidad Villanova 1985, del Caney de la Fama en Salinas 1990 y Salón de la Fama del Atletismo del Estadio Villanova en 1996.
Junto a sus hermanos Rumildo y Rubén Cruz Quiñones, su nombre quedó inmortalizado cuando la pista atlética municipal de Salinas fue dedicada a los Hermanos Cruz Quiñones, en reconocimiento a su extraordinaria aportación al deporte puertorriqueño y al prestigio internacional que dieron a su patria. Triple campeón centroamericano, orgullo de Salinas y Puerto Rico.

Caney de la Fama Salinas
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