Nació el 4 de noviembre de 1898 en la ciudad de Ponce. Allí se educó y desde sus días de estudiante comenzó a participar en todos los deportes que se practicaban en aquella época, sobresaliendo en el béisbol. Como estudiante, él jugó en el famoso equipo “Ponce”, que ganó tanto renombre. En 1922 obtuvo licencia de maestro de educación física en la Universidad de Puerto Rico; en ese mismo año comenzó a trabajar en las escuelas públicas.
Cuando fue asignado en 1939 para trabajar en Salinas, su hoja de servicios registraba ya una envidiable historia. Que le hacían merecedor de los más altos encomios. Como jugador estrella en los diamantes de Puerto Rico, Venezuela y de República Dominicana en una serie de 12 juegos a esta última, en la que terminó líder de bateo con un promedio de .487. En Humacao, ayudó a organizar y adiestró. Dirigió el famoso equipo “Grises Orientales” y fue conocido como la mejor tercera base de Puerto Rico. En 1918 había servido en el ejército de Estados Unidos, siendo compañero de faenas en el campamento de oficiales de los conocidos salinenses Rafael Modesto, Pancho Modesto, Lili Cartagena, Víctor Santiago, de otros hombres conocidos como Don Pedro Albizu Campos, Pedro Miguel Caratini y Reyes Fitzpatrick.
Como maestro de educación física, su hoja de servicios no era menos encomiable. Había trabajado en los distritos de Humacao, donde le dio vida al deporte del béisbol; en San Germán y Yauco, donde fue uno de los creadores del béisbol en el voleibol, adiestrando jóvenes que luego fueron las primeras luminarias de esos deportes en la isla. Había trabajado en Cayey, en Arecibo y Bayamón.
Era ya un adiestrador de estatura insular. Vino a Salinas atraído por el gran entusiasmo deportivo que arribaba a nuestra comunidad en aquella época. Su trabajo en Salinas fue una coronación de su brillante récord. Salinas continuó ganando copas en justas deportivas y, bajo su dirección, se desarrollaron estrellas de mayor magnitud que habían escalado estaturas olímpicas no profesionales de renombre internacional. Los nombres de Rolando, Rumildo y Rubén, Julio Llera, Israel Ten, Rogelio Pérez, Juan Antonetti y otros dan fe de ello.
Sin embargo, es conocido de muy pocas personas el hecho de que su trabajo en Salinas fue una obra de dedicación, no en busca de triunfos a los que estuvo acostumbrado, sino tal vez para satisfacer las pequeñas vanidades de orgullo profesional a las que tiene derecho todo triunfador al llegar a la madurez de sus facultades.
En Salinas solicitó trabajo con grupos de la escuela elemental e intermedia, animado por su deseo de darle nuevos enfoques a sus enseñanzas. Ambicionaba ampliar los juegos por los deportes, no simplemente para desarrollar destrezas musculares y habilidades deportivas, sino más bien como medio efectivo para desarrollar carácter, para formar la moral y habituar a los niños a los rigores y exigencias de la disciplina social.
Sus propósitos estaban motivados por los cambios que estarán dejándose sentir en nuestra sociedad de la posguerra. Comenzaba a ponerse en boga; los delincuentes juveniles desviaban los afanes de niños y adolescentes hacia nuevos intereses. Alejándolos de sus estudios académicos. Comenzaba a formarse la opinión entre maestros y paisanos de que nuestras aceptadas normas de disciplina y conducta social se deterioraban.
Estimando que era su obligación profesional, don Carlos Cartagena Sabater respondió a este reto con la acción directa. La suya fue una labor de dedicación. Su programa de trabajo lo extendió voluntariamente para incluir horas vespertinas, horas nocturnas y días feriados. Convirtió su propio hogar en posada y refugio de estudiantes que buscaban su ayuda. Más que instructor, trabajaba como orientador y consejero; como mediador y padrino; como confesor y amigo. Su dedicación produjo resultados visibles y son muchos los hombres de Salinas que, con orgullo y humildad: A míster Cartagena le debo yo no ser hoy un estorbo público.
Don Carlos Cartagena Sabater, a la edad de 65, se habría retirado de nuestras escuelas públicas, después de haberles dado 41 años de trabajo fructífero.

Caney de la Fama Salinas
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